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Cómo cuidar una piel mixta deshidratada

La piel mixta combina zonas grasas, la conocida zona T (frente, nariz y mentón), con zonas secas, que suelen ser las mejillas. Y, aunque veamos esos brillos y notemos la cara un tanto “aceitosa” no debemos olvidar hidratarla. Porque, tener una piel con zonas grasas y, a la vez, deshidratada, es posible. ¿Pero cómo?

Lo que da lugar a la piel grasa es el exceso de sebo que secretan las glándulas sebáceas de nuestra piel, dándole esa apariencia untuosa. Pero no hay que confundir el sebo con los lípidos epidérmicos. Éstos también son grasas, pero forman parte de la barrera protectora de la piel. La protegen de agresiones externas y evita que el agua se evapore. Y, cuando su composición se altera, pueden aparecer signos de deshidratación o derivar en piel seca.

Por lo tanto, podemos tener una piel con exceso de sebo en algunas zonas, piel seca en otras y, que, en determinados momentos, sufra deshidratación.

Y ¿cómo sé si tengo una piel mixta deshidratada?

Las pieles mixtas deshidratadas pueden tener tendencia seca o grasa. Por eso, antes de definir el cuidado que le vamos a dar es importante saber cuál de las dos es la nuestra.

Piel mixta-grasa deshidratada: predomina la piel grasa sobre la seca. Un exceso de sebo en la piel se caracteriza por un aspecto brillante, principalmente en la frente y la nariz. Suelen verse los poros dilatados y es fácil que aparezcan imperfecciones o granitos que pueden derivar en acné. Además, suelen ser pieles gruesas y rugosas. Este tipo de piel, cuando se deshidrata, puede dar sensación de tirantez en las mejillas, sobre todo tras usar un limpiador jabonoso. Se vuelve más propensa a rojeces e irritaciones, e incluso puede aparecer descamación cerca de la comisura de los labios y del entrecejo. También suelen aparecer más granos de lo habitual y tener continuamente la sensación de “piel sucia”.

Entonces, ¿qué rutina debo seguir si tengo este tipo de piel? En estos casos, se recomienda una limpieza intensa sin olvidar la hidratación.

  1. Limpiar. Lava la piel con agua tibia y sécala con una toalla limpia o papel dando pequeños toques, nunca frotando el rostro. Utiliza productos limpiadores suaves, sin alcohol y que no sean demasiado astringentes. Un exceso en la eliminación del sebo puede inducir un efecto rebote y tu piel se pondría a producir más grasa para recuperar la que ha perdido.
  2. Hidratar. Se recomienda utilizar una crema hidratante formulada especialmente para piel grasa. Productos de textura ligera que no obstruyan los poros y sean no comedogénicos para evitar la aparición de acné (a los granitos del acné se les llama comedones). Además, se aconseja complementar con productos que contengan ingredientes humectantes. Estos tienen alta capacidad de retener agua y aportan hidratación instantánea, como por ejemplo el ácido hialurónico o los proteoglicanos.

Piel mixta-seca deshidratada: predomina la piel seca sobre la grasa. Suele ser común la sensación de tirantez y la aparición de rojeces. Tiene aspecto y textura muy fina, por eso tiene más tendencia a la aparición de arrugas. Son pieles muy sensibles a los cambios bruscos de temperatura y padecen mucho con las temperaturas frías. Cuando se deshidrata, este tipo de piel puede llegar a agrietarse en algunas zonas e, incluso, llegar a sangrar.

Y, ¿cuál sería la rutina adecuada para una piel mixta-seca deshidratada?  Esta piel necesita productos que le aporten mucha hidratación e ingredientes que la nutran para restaurar la capa protectora.

  1. Limpiar. Lava la cara con agua tibia, evitando siempre las temperaturas extremas. Se recomienda utilizar productos aptos para pieles sensibles como pueden ser jabones con tensioactivos muy suaves o leches limpiadoras. Es importante no frotar la piel. Se puede secar dando pequeños toques con una toalla limpia.
  2. Hidratar y nutrir: es muy recomendable utilizar cremas que contengan lípidos epidérmicos que hidratan y nutren el tejido. Así, se incorpora el agua a la piel y se regenera la barrera epidérmica para que no se evapore en exceso. Por ejemplo, las ceramidas, colesterol y algunos ácidos grasos como el ácido linoleico pueden aportar esta nutrición. Además, se aconseja utilizar productos con ingredientes humectantes como el ácido hialurónico y los proteoglicanos, que crean una película protectora de hidratación aportando una mayor suavidad y protección desde el momento de su aplicación.

En cualquier caso, ante una piel deshidratada, es importante prestar atención a algunos detalles de nuestras rutinas diarias:

  •  Bebe agua en cantidad porque un organismo deshidratado también se refleja en nuestra piel.
  • Evita productos cosméticos con alcohol para evitar una evaporación excesiva.
  • Intenta utilizar agua tibia. El agua demasiado caliente reseca mucho la piel.
  • Una exposición prolongada al sol puede deshidratar aún más nuestra piel. Recuerda el protector solar ¡también en invierno!